El jueves 20 tuvimos una magnífica sesión, digna de la persona a quien recordaremos como espléndido broche de oro de este curso.
Recordamos, aunque es alguien que siempre estará en nuestro recuerdo, al que vuelve con insistencia periódicamente: El querido compañero Alberto Collantes, que nos acompañara tantas tardes, y compartiera con nosotros veladas poéticas, conferencias, charlas, y la jocosa celebración posterior.
Tantas tardes juntos, tanto anochecer junto al vino y la poesía, y el tiempo traicionero al final nos lo arrebató.
Pero nos dejó muchas cosas: Nos dejó su meticulosa tarea de corrección de nuestras frases de escritores aficionados, nuestros balbuceos, en la edición de nuestros libros y revistas, tan cuidados. Nos dejó su obra publicada, sus palabras, sus artículos y comentarios en la revista o la prensa local, y su novela apasionada, comprometida, Demasiados silencios.



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